Ayer casi 32 años después, la Masía cerraba sus puertas. Curiosamente, Guillermo Amor, primer canterano salido de la misma en llegar al primer equipo, fue quien echo su cierre a la puerta por última vez.
Puerta que ha visto entrar a niños de 12 años y salir a auténticos hombres del gol. Fábrica de grandes talentos, especialmente del medio campo como Guardiola, Xavi, Iniesta o recientemente Thiago.
Su historia se remonta según ha contado el en alguna ocasión, a una llamada que hizo un joven Lobo Carrasco recién llegado al club, al por aquel entonces presidente José Luis Nuñez solicitándole que o le sacaba del piso de las Ramblas donde el Barça tenia fijada su residencia para sus promesas, o se marchaba por que no le gustaba en ambiente de la zona. Este prometió buscar una solución y parece que lo hizo.
Sus paredes han visto muchos sueños, sobre todo desde su famosa ventana con vistas al Camp Nou, desde la que todo niño que ha pasado por ahí se ha sentado en su repisa a imaginar como sería jugar en ese estadio. Pero si algo ha visto la Masía han sido lágrimas. Tan amargas como las de Víctor Valdés, que no pudo soportar el estar lejos de su familia y decidió marcharse aunque más tarde optó por volver (gran decisión).
Otro que también lloraba y mucho, era el gran Iniesta, que llegó al punto de decir a sus familia que no fuese a visitarle para evitar la amarga despedida.
Pero si algo nos ha dado el emblemático edificio con más de 300 años de historia, han sido talentos de la talla de Messi, Guardiola, De la Peña, los hermanos García, Sergi, Puyol, Xavi, Cesc, Bojan...y así una larga lista hasta llegar a Thiago, que ha día de hoy ha sido el último talento salido de la Masía.
El cierre no es un Adiós si no un hasta luego, ya que la esencia de la Masía se intentará trasladar a la ciudad deportiva Joan Gamper, con instalaciones más modernas aunque algo me dice que no será lo mismo.

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